Ir al contenido principal

¿QUIÉN SOY YO?


 Hay una pregunta que solemos evitar, no porque no sepamos responderla, sino porque nos da miedo lo que podríamos descubrir: ¿quién he sido hasta ahora?

No se trata de hacer un balance contable de logros y fracasos. Se trata de algo más íntimo y más honesto: mirar las fotografías que guardamos en la memoria —la niña o el niño que fuimos, el joven lleno de sueños, la persona adulta que tomó aquella decisión crucial— y preguntarnos qué hilo las une. Qué historia hemos estado contándonos sobre nosotros mismos.

Porque nos contamos historias. Siempre. Soy así porque me criaron así. Soy así porque me pasó aquello. Soy así y ya no puedo cambiar. Esas narrativas tienen la fuerza de las certezas, pero no siempre tienen la solidez de los hechos. Muchas veces son proyecciones del pasado lanzadas hacia el futuro como si fueran destino inevitable.

Y aquí está el giro que lo cambia todo: el futuro no es una prolongación automática del pasado. Es un territorio que todavía no ha ocurrido, y por tanto, un espacio abierto a la decisión.

La imagen que el espejo nos devuelve cada mañana es una información, no una condena. Nos dice dónde estamos, no hasta dónde podemos llegar. Entre el "he sido" y el "me propongo ser" existe una distancia que solo se recorre con una decisión: la de dejar de identificarnos únicamente con lo que ya vivimos y empezar a orientarnos hacia lo que todavía queremos construir.

Esto no significa ignorar la historia personal. Al contrario: reconocerla es imprescindible. Solo quien sabe de dónde viene puede elegir, con verdadera libertad, hacia dónde quiere ir. La memoria no es una cárcel; puede ser una brújula.

La pregunta práctica, entonces, no es solo ¿quién soy? sino ¿quién me propongo ser a partir de ahora? Una pregunta que no se responde de una vez y para siempre, sino cada día, en cada elección pequeña, en cada momento en que decidimos actuar desde lo que queremos llegar a ser y no desde lo que el miedo o la inercia nos dictan.

Somos procesos en curso, no seres acabados. Y eso, lejos de ser una incertidumbre, es la mejor noticia posible.



Comentarios

Entradas populares de este blog

LO QUE ES NECESARIO HACER

  De pronto, un aguacero furioso, empujado por el viento, convierte los paraguas en simples adornos inútiles. Pese al chubasquero largo de los días que amenazan lluvia, noto cómo las ráfagas de viento estrellan los goterones contra el bajo de mis piernas. Mis manos están empapadas y siento la tela de mi abrigo como el trapo del fregadero. Mi destino está lo bastante cerca como para descartar la idea del cafelito mientras amaina la lluvia, pero lo suficientemente lejos como para anticipar la inevitable mojadura: llegar a casa, cambiarme de ropa, poner a secar la mojada, calzarme las zapatillas y lidiar con el goteo del paraguas desde la puerta hasta el tendedero, donde tendré que abrirlo "a toda vela" hasta que se seque. Demasiadas molestias. Yo tengo cosas "importantes" que hacer y me enfada pensar en todo el tiempo que voy a perder en esas trivialidades. En esto, una gota fría, húmeda, impertinente, se me cuela por el cuello del impermeable para trazar un surco irr...

ME DIO LAS GRACIAS...

Un pie en la acera y el otro, ya adelantado, en la calzada. El semáforo seguía rojo, pero ella se debatía entre la prudencia y la prisa. Los coches venían de ambos lados y no era fácil sincronizar el hueco entre los vehículos para alcanzar, sin sobresaltos, la otra acera. Si se trata de niños o personas mayores, por sistema mi norma es aguardar la luz verde para cruzar, aunque no circulen coches. Creo que, de ese modo, por una parte doy ejemplo y, por otra, respeto la libertad de elección de la otra persona para obrar como mejor lo considere. En este caso, la mujer, ya de cierta edad, murmuraba algo en voz baja: se debatía entre arriesgarse o esperar. Me miró como si me pidiera consejo. Y mientras yo pensaba la respuesta, el hombrecillo verde del semáforo nos sacó de dudas a los dos. Cruzábamos a la par y la mujer, en voz muy queda y mirando al suelo, como si la cosa no fuera conmigo, murmuraba una dirección, sin atreverse a formularla como una pregunta directa. Sin dejar de caminar, l...

PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO (una vez más)

  Un año más, y los viejos propósitos sin cumplir: no hemos perseverado en nuestro programa de acondicionamiento físico; sólo hemos asistido un par de semanas a clase de inglés; hemos ganado algo de peso, y seguimos tan atrapados por las viejas rutinas como los años anteriores...   Y ya llevamos vivido un cuarto de siglo de esta nueva centuria.   ¿Será que somos incapaces de cambiar? ¿Nos falta voluntad o nos sobra "talla" en nuestra formulación de propósitos?   Tal vez el problema no radique en nosotros, sino en el método empleado. Este "YO" que ahora somos no apareció de la noche a la mañana. Se ha ido construyendo a lo largo de los años, desde la infancia, y ahora somos un bloque compacto de hábitos y rutinas, una especie de ordenador programado que cumple fielmente las instrucciones que hemos incorporado a lo largo del camino.   Pero cambiar no consiste en anular ese programa y comenzar de cero, sino en introducir pequeñas mejoras que c...