Ir al contenido principal

LO QUE ES NECESARIO HACER

 


De pronto, un aguacero furioso, empujado por el viento, convierte los paraguas en simples adornos inútiles. Pese al chubasquero largo de los días que amenazan lluvia, noto cómo las ráfagas de viento estrellan los goterones contra el bajo de mis piernas. Mis manos están empapadas y siento la tela de mi abrigo como el trapo del fregadero.

Mi destino está lo bastante cerca como para descartar la idea del cafelito mientras amaina la lluvia, pero lo suficientemente lejos como para anticipar la inevitable mojadura: llegar a casa, cambiarme de ropa, poner a secar la mojada, calzarme las zapatillas y lidiar con el goteo del paraguas desde la puerta hasta el tendedero, donde tendré que abrirlo "a toda vela" hasta que se seque.

Demasiadas molestias. Yo tengo cosas "importantes" que hacer y me enfada pensar en todo el tiempo que voy a perder en esas trivialidades.

En esto, una gota fría, húmeda, impertinente, se me cuela por el cuello del impermeable para trazar un surco irritante a lo largo de mi espalda.

"En cuanto llegue a casa, me doy una ducha caliente y me cambio de arriba abajo", pienso.

Y, entonces, descubro lo afortunado que soy:

Porque me espera un lugar donde cobijarme.

Porque tengo ropa seca esperándome.

Porque llueve, sí, pero el agua es necesaria y buena.

Porque puedo ver lo desproporcionado de mi enfado y volver a la realidad que, casi siempre, difiere de mi propia interpretación.

Porque comprendo, finalmente, que no soy "yo CONTRA la lluvia" sino "yo CON la lluvia"; que esta es mi vida ahora, tal como es, y que la vida siempre me invita a hacer "lo que es necesario hacer".

Y todas esas pequeñeces que me impone la lluvia son lo que, ahora, en este momento, "es necesario hacer".

Así, una vez que haya puesto en orden  todas esas demandas, podré preguntarme serenamente:

Y, ahora ¿Qué es lo que debería hacer?

Comentarios

  1. Interesante artículo. Hablar del tiempo no tiene por qué aburrir :)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

🌕 La luna, el dedo y el espejismo de la felicidad

  Hay una antigua sentencia que ha viajado a través del tiempo y las culturas, y que sigue muy presente —y muy poco atendida— en la marea de publicaciones sobre “la búsqueda de la felicidad”. El sabio señala la luna, pero el necio se queda mirando el dedo. Una frase sencilla, de apariencia casi inocente, pero que encierra una advertencia tan oportuna como necesaria en nuestra época: no confundir el medio con el fin, lo accesorio con lo esencial, el camino con el destino . 📚 La galaxia del bienestar… ¿o del entretenimiento? En el vasto universo del desarrollo personal —libros, cursos, gurús, métodos, talleres— esta advertencia cobra especial relevancia. Nunca como ahora se ha hablado tanto de felicidad , autorrealización , paz interior o autenticidad . Y sin embargo, pocas veces hemos estado tan perdidos , tan dispersos o tan sedientos de algo que no logramos encontrar . Estamos rodeados de técnicas: Ejercicios de respiración Meditaciones guiadas Afirmaciones positi...

EL MILAGRO

  Clara se asomó a la ventana para sentir el aire fresco de primera hora de la mañana. En el extremo del alféizar vio el triste geranio reseco, mustio, contraído, tan necesitado de riego como ella lo estaba de seguridad y control sobre su cuerpo. Que el brote seguía activo lo evidenciaban su debilidad persistente, la visión que se le nublaba y el extraño entumecimiento que le recorría cuerpo y rostro. Por la acera opuesta vio avanzar, con su paso decidido, a la mujer invidente con la que se cruzaba a menudo, una mujer de gesto seguro, siempre bien arreglada, con ese porte que dan los años y la experiencia. ¿Cómo podría arreglárselas una persona con esa discapacidad para llevar el tipo de vida activa que ella parecía desarrollar? Desvió la mirada. Sentía dolor en los ojos si mantenía la vista fija en un punto concreto. Otro de los síntomas del brote. Al principio habían sido sólo pequeñas molestias, fallos funcionales sin importancia, una palabra que no le venía, un ligero mareo...