Por qué el respeto por uno mismo va más allá de la autoestima UTOPÍA Cuando se despertó, "el dinosaurio" ya no estaba allí. Ni los vecinos, ni la empresa, ni el supermercado, ni la cafetería de la esquina. A solas con su propio ser, con sus vivencias, con sus anhelos, con sus temores —multiplicados ahora por la soledad—. El miedo a su futuro, a su indefensión, a la incertidumbre, a la muerte en solitario… Se miró al espejo. El rostro de siempre. ¿Para qué arreglarse?, pensó; si ya no hay ante quien mostrar ninguna imagen. Las horas vacías. ¿Qué hacer?, se dijo; si no hay con quién compartir proyectos ni penas. No tenía objetivos ni metas, alicientes ni ilusiones. ¡Le habían arrebatado la vida! Y empezó a descargar su ira, su frustración, rompiéndolo todo: el espejo, las puertas inservibles de su casa, las lunas de los escaparates… ¡Hasta prendió fuego a un bosque! Cuando hubo eliminado la adrenalina del miedo y la frustración, sintió la apatía del aburrimie...
Discutir con el espejo Por qué la mayoría de tus enfados no son con quien crees Llevaba un buen rato trabajando con mi asistente de inteligencia artificial en una tarea que me importaba de verdad. Le pedí un resumen del trabajo y lo que me devolvió no se parecía en nada a lo pedido: parte de los documentos se había "perdido" y, para colmo, empezó a inventar cosas que yo nunca había introducido. Pasé de la estupefacción a la frustración y a la rabia. Me dieron ganas de insultar... no sé a quién: al ordenador, a la "IA" y a la madre o el padre que la creó. Tenía ganas de estrangularla. ¡A una cosa INMATERIAL! Como si fuera un ser real, de carne y hueso, que me hubiera traicionado. Entonces me di cuenta: no estaba discutiendo con NADIE. Lo hacía conmigo mismo, como si estuviera mirándome en un espejo y viera ante mí mi propia imprevisión por no haber guardado copias, mi negligencia por no haber organizado bien el trabajo, mi impaciencia por quererlo todo hecho, ya. L...