Dejemos de esperar "sentirnos bien": nadie llega preparado a la vida Son las 23:00 Nos disponemos a cerrar el día. Otra vez esa sensación de "día incompleto", malgastado. La lista de cosas pendientes, aplazadas, se queda para mañana, cuando hayamos descansado. Cuando tengamos más energía, más claridad. Ahora necesitamos descansar, "sentirnos bien". ¿Por qué es tan difícil sentirse bien al final del día? ¿No tenemos derecho a gozar un poco de nuestro tiempo, a disfrutar de la vida? ¿No estamos en este mundo para eso? Tal vez nos han engañado. O puede que no hayamos terminado de asimilar la lección. Por qué nos cuesta tanto: nadie nos preparó para el estrés Teníamos que habernos preparado para el estrés cotidiano, para la tensión de cada jornada, para los reveses y los pequeños fracasos. Nadie nos avisó de que eso también forma parte de vivir. Así que, cuando aparece la tensión, buscamos apagarla: la tele, la bebida, la música a todo volumen, las pastillas...
Ese instante entre el impulso y la respuesta Suena el despertador y, durante un segundo, hay una decisión: levantarte o darle al "snooze" una vez más. Llega un wasap incómodo y, durante un segundo, hay otra: responder con calma o con el primer reproche que te viene a la boca. Te sientas a comer y, sin apenas notarlo, decides si vas a encender el móvil o a estar, simplemente, presente en la comida. Ninguno de estos momentos parece importante por separado. Son minúsculos, casi invisibles, disueltos en la rutina. Y sin embargo, si los sumamos todos, forman el material del que está hecha nuestra vida. No las grandes decisiones —cambiar de trabajo, mudarse de ciudad, terminar una relación—, sino esta otra cosa, más callada: la sucesión de pequeños movimientos que hacemos, o dejamos de hacer, entre que suena el despertador y volvemos a apagar la luz por la noche. A esto lo podemos llamar puntos de decisión . Y aprender a reconocerlos es, quizás, uno de los gestos más silencios...