Discutir con el espejo Por qué la mayoría de tus enfados no son con quien crees Llevaba un buen rato trabajando con mi asistente de inteligencia artificial en una tarea que me importaba de verdad. Le pedí un resumen del trabajo y lo que me devolvió no se parecía en nada a lo pedido: parte de los documentos se había "perdido" y, para colmo, empezó a inventar cosas que yo nunca había introducido. Pasé de la estupefacción a la frustración y a la rabia. Me dieron ganas de insultar... no sé a quién: al ordenador, a la "IA" y a la madre o el padre que la creó. Tenía ganas de estrangularla. ¡A una cosa INMATERIAL! Como si fuera un ser real, de carne y hueso, que me hubiera traicionado. Entonces me di cuenta: no estaba discutiendo con NADIE. Lo hacía conmigo mismo, como si estuviera mirándome en un espejo y viera ante mí mi propia imprevisión por no haber guardado copias, mi negligencia por no haber organizado bien el trabajo, mi impaciencia por quererlo todo hecho, ya. L...
Las primeras nubes grises Todavía quedan vacaciones, pero ya están llegando: las primeras nubes grises, densas, se han instalado en el horizonte y han empezado a toldar el cielo despejado del verano. No anuncian tormenta inmediata, solo el cambio de estación que se aproxima, silencioso pero seguro. Y algo parecido nos ocurre por dentro: sabemos que el paréntesis se acaba, que hay que recomponer horarios, retomar proyectos, volver a las rutinas que dejamos en pausa. Sabemos que toca. Pero el cuerpo y la mente todavía se resisten a soltar el ritmo lento de los últimos días. No es pereza, ni falta de compromiso: es la fricción normal entre lo que sabemos que debemos hacer y la energía real de la que disponemos para hacerlo. Dos preguntas, no una Kant, hace más de dos siglos, abordaba las grandes cuestiones de la existencia en unas pocas preguntas esenciales. Sin pretender ninguna erudición filosófica, tomamos prestadas dos de ellas, porque nos vienen que ni pintadas para este moment...