Hay una pregunta que solemos evitar, no porque no sepamos responderla, sino porque nos da miedo lo que podríamos descubrir: ¿quién he sido hasta ahora? No se trata de hacer un balance contable de logros y fracasos. Se trata de algo más íntimo y más honesto: mirar las fotografías que guardamos en la memoria —la niña o el niño que fuimos, el joven lleno de sueños, la persona adulta que tomó aquella decisión crucial— y preguntarnos qué hilo las une. Qué historia hemos estado contándonos sobre nosotros mismos. Porque nos contamos historias. Siempre. Soy así porque me criaron así. Soy así porque me pasó aquello. Soy así y ya no puedo cambiar. Esas narrativas tienen la fuerza de las certezas, pero no siempre tienen la solidez de los hechos. Muchas veces son proyecciones del pasado lanzadas hacia el futuro como si fueran destino inevitable. Y aquí está el giro que lo cambia todo: el futuro no es una prolongación automática del pasado. Es un territorio que todavía no ha ocurrido, y p...
Es una pregunta bien sencilla: ¿Conducimos nuestra vida o "nos dejamos llevar"? Dicho de otra manera: ¿Quién controla los mandos de nuestro día a día? No se trata de una pregunta filosófica ni demasiado complicada. Es una pegunta práctica. Y la respuesta, si somos honestos, dice mucho sobre cómo estamos viviendo. Veamos una metáfora: Piensa en una bola de billar. Está quieta sobre el tapete. No hace nada. No puede nada. Necesita que algo externo la ponga en movimiento y, entonces, rueda en la dirección que le marcan. Ahora piensa en un jugador de ajedrez: Tal vez las piezas no están como a él le gustaría, pero observa el tablero. Analiza. Decide... y ¡mueve! Y con cada movimiento, cambia la configuración del tablero... ¡Él tiene el poder de cambiar la configuración de tablero! Y de responder al nuevo desafío... y al siguiente, y al siguiente.... Vivir en modo "bola de billar" no significa ser una mala persona ni carecer de valores. Significa, simplemente, dejar...