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Calentando motores

 




Las primeras nubes grises

Todavía quedan vacaciones, pero ya están llegando: las primeras nubes grises, densas, se han instalado en el horizonte y han empezado a toldar el cielo despejado del verano. No anuncian tormenta inmediata, solo el cambio de estación que se aproxima, silencioso pero seguro. Y algo parecido nos ocurre por dentro: sabemos que el paréntesis se acaba, que hay que recomponer horarios, retomar proyectos, volver a las rutinas que dejamos en pausa.

Sabemos que toca. Pero el cuerpo y la mente todavía se resisten a soltar el ritmo lento de los últimos días. No es pereza, ni falta de compromiso: es la fricción normal entre lo que sabemos que debemos hacer y la energía real de la que disponemos para hacerlo.

Dos preguntas, no una

Kant, hace más de dos siglos, abordaba las grandes cuestiones de la existencia en unas pocas preguntas esenciales. Sin pretender ninguna erudición filosófica, tomamos prestadas dos de ellas, porque nos vienen que ni pintadas para este momento del año: qué debemos saber y qué podemos hacer.

Lo que debemos saber

Sabemos —o deberíamos aceptar de una vez— que la felicidad no es un estado que se posee de una vez y para siempre, como quien guarda un trofeo en una vitrina —la hemos alcanzado y ya está— . No tenemos derecho a poseerla, sólo el derecho a buscarla: a perseguirla activamente, a través de las metas cumplidas y los compromisos mantenidos en el tiempo. No es un lugar de llegada, sino el resultado de habernos puesto en marcha, una y otra vez, aunque el impulso inicial nos cueste.

Esto cambia por completo cómo afrontamos la llegada de septiembre. No se trata de "recuperar la felicidad perdida en vacaciones", como si el verano fuera el único territorio legítimo del bienestar y la vuelta a la rutina, un exilio. Se trata de entender que también hay satisfacción en este nuevo tramo laboral, vital, social y familiar. A nosotros nos toca construirla, con cada compromiso que retomemos, con cada acción que emprendamos.

Cada año, por estas fechas, nos previenen frente al mismo diagnóstico popular: la "depresión postvacacional". Un término que se ha instalado con tanta convicción en el lenguaje común que casi nadie lo cuestiona, y que da por hecho que septiembre solo puede vivirse como una caída, una pérdida, un peaje que hay que pagar por haber sido felices en verano. Es una idea infiltrada, tan repetida que se suele tomar como un dato científico, cuando en realidad es solo un mito, un relato —y ni siquiera el más útil de los posibles.

Frente a ese relato, cabe activar otro: el de la ilusión del nuevo comienzo. No como un espejismo ingenuo, sino como una disposición activa: "la vuelta" no tiene por qué ser solo un regreso a lo que dejamos a medias, con la misma carga de antes. Puede ser la ocasión de continuar con renovado impulso lo que ya habíamos empezado, la oportunidad de enmendar aquello que veníamos haciendo mal, o de dar el primer paso en algo completamente nuevo. Las tres cosas caben en el mismo gesto: retomar el mando de nuestra propia agenda, en lugar de dejarnos arrastrar por el guion que la costumbre colectiva nos ha escrito de antemano.

Lo que podemos hacer

Y aquí es donde la teoría deja paso a la práctica. Sabemos lo que "deberíamos" hacer, pero eso no basta: hace falta arrancar, y arrancar no depende de sentirnos con fuerzas, sino de ejercitar nuestra libre voluntad. Las técnicas que siguen no son atajos ni fórmulas mágicas: son propuestas sencillas para hacer más efectivo ese impulso.

Pero antes de ponernos en marcha, conviene detenernos un momento y responder, con honestidad, a tres preguntas esenciales:

  • ¿Qué quiero emprender de nuevo? —algo que llevaba tiempo aplazado, o directamente una idea que no habíamos empezado todavía.
  • ¿Qué quiero cambiar de lo que ya estoy haciendo? —un hábito, un ritmo, una manera de organizarnos o de actuar que ya no nos sirve.
  • ¿Qué error no voy a repetir? —esa costumbre concreta que, mirando atrás, sabemos que nos ha costado más de lo que nos ha dado.

No hace falta una respuesta extensa ni definitiva para ninguna de las tres; basta con una frase honesta para cada una. Son la brújula que orienta hacia dónde apuntar las jugadas que siguen a continuación.

Las cuatro jugadas para calentar motores

1. La jugada del "uniforme"

Preparemos de antemano un recordatorio físico que invite a la acción sin necesitar fuerza de voluntad. Dejar la ropa de deporte a la vista la noche anterior, despejar la mesa de trabajo antes de acostarnos, colocar la agenda abierta sobre el escritorio. El "uniforme" no nos obliga a nada; simplemente nos hace más fácil dar el primer paso.

2. La jugada modesta

No "retomemos el proyecto entero": abramos el documento durante diez minutos. No "volvamos a hacer ejercicio a diario": demos un paseo corto de quince minutos el primer día. Lo modesto, precisamente por ser tan fácil de cumplir, tiene muchas más probabilidades de romper la inercia que cualquier propósito ambicioso.

3. La jugada masiva

Encadenemos varias microacciones sencillas para generar impulso general, sin necesidad de una sola gran hazaña: ordenar un cajón + hacer una llamada pendiente + dar una vuelta a la manzana. Ninguna de esas acciones es, por sí sola, gran cosa. Pero juntas multiplican la energía y llenan el día de pequeñas chispas de movimiento.

4. La jugada envolvente

Si la tarea grande nos bloquea, rodeémosla por un acceso lateral más fácil. Antes de estudiar un tema denso, veamos un vídeo introductorio. Antes de escribir el informe, hagamos solo un esquema con las ideas principales. En vez de entrar por la puerta principal —a veces demasiado pesada—, busquemos un acceso más accesible.

Para cerrar: el derecho a perseguir, no a poseer

No tenemos garantizada la felicidad de esta nueva etapa por el simple hecho de desearla, igual que no elegimos que las nubes grises anuncien el otoño. Pero sí tenemos algo en nuestras manos: el derecho —y la capacidad— de perseguirla, jugada a jugada, compromiso a compromiso, sin esperar a sentirnos plenamente preparados para empezar.

Las nubes ya están ahí. El verano se despide poco a poco. Y nosotros, mientras tanto, podemos ir calentando motores.

¿Cuál es, para ti, esa primera "jugada modesta" con la que vas a calentar motores esta nueva etapa?

Te deseo una feliz vuelta a la ilusión por la vida activa, creativa y de elaboración propia.




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