Ir al contenido principal

MI NUEVA PUBLICACIÓN



Para VIVIR CON SENTIDO, en esencia, es necesario:

  • Situarnos en nuestra REALIDAD
  • COMPROMETERNOS con lo que implique el logro de nuestra meta
  • Realizar la ACCIONES pertinentes para alcanzarla
  • Ir más allá de nosotros mismos, TRASCENDERNOS, para aspira a la plenitud.

Este libro nace de una intuición sencilla: vivir con sentido no exige escapar de la vida cotidiana, sino habitarla con más hondura. No propone técnicas ni recetas rápidas. No es una caja de herramientas. Quiere ser un compañero de camino: un recordatorio amable y firme de que nuestras acciones pueden asentarse en algo más profundo que la inercia o el mero “cumplir”.

La propuesta se articula en cuatro ejes que recorren todo el libro:

  • Descubrir los valores que realmente nos mueven.

  • Aceptar lo que implican, con sus luces y sus sombras.

  • Actuar de forma coherente con ellos, encarnarlos en lo cotidiano.

  • Mantener un realismo que nos conecte con la vida tal como es, sin idealizaciones ni derrotismos.

Está escrito para quienes desean una vida más plena sin renunciar a su vida real, a su historia, a sus vínculos, a lo que ya son. Para quienes sienten que hay algo en su interior que pide más verdad, más presencia, más coherencia. Para quienes intuyen que el sentido no se encuentra fuera, sino en la manera en que miramos, elegimos y nos relacionamos.

Ojalá este libro pueda acompañarte —como un faro discreto— en ese proceso de volver a ti, a los demás y a la vida tal cual se presenta.

Puedes encontrar una introducción más detallada en la página de la editorial:

Veinte propuestas para vivir con sentido - Grupo de Comunicación Loyola

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL MILAGRO

  Clara se asomó a la ventana para sentir el aire fresco de primera hora de la mañana. En el extremo del alféizar vio el triste geranio reseco, mustio, contraído, tan necesitado de riego como ella lo estaba de seguridad y control sobre su cuerpo. Que el brote seguía activo lo evidenciaban su debilidad persistente, la visión que se le nublaba y el extraño entumecimiento que le recorría cuerpo y rostro. Por la acera opuesta vio avanzar, con su paso decidido, a la mujer invidente con la que se cruzaba a menudo, una mujer de gesto seguro, siempre bien arreglada, con ese porte que dan los años y la experiencia. ¿Cómo podría arreglárselas una persona con esa discapacidad para llevar el tipo de vida activa que ella parecía desarrollar? Desvió la mirada. Sentía dolor en los ojos si mantenía la vista fija en un punto concreto. Otro de los síntomas del brote. Al principio habían sido sólo pequeñas molestias, fallos funcionales sin importancia, una palabra que no le venía, un ligero mareo...

LO QUE ES NECESARIO HACER

  De pronto, un aguacero furioso, empujado por el viento, convierte los paraguas en simples adornos inútiles. Pese al chubasquero largo de los días que amenazan lluvia, noto cómo las ráfagas de viento estrellan los goterones contra el bajo de mis piernas. Mis manos están empapadas y siento la tela de mi abrigo como el trapo del fregadero. Mi destino está lo bastante cerca como para descartar la idea del cafelito mientras amaina la lluvia, pero lo suficientemente lejos como para anticipar la inevitable mojadura: llegar a casa, cambiarme de ropa, poner a secar la mojada, calzarme las zapatillas y lidiar con el goteo del paraguas desde la puerta hasta el tendedero, donde tendré que abrirlo "a toda vela" hasta que se seque. Demasiadas molestias. Yo tengo cosas "importantes" que hacer y me enfada pensar en todo el tiempo que voy a perder en esas trivialidades. En esto, una gota fría, húmeda, impertinente, se me cuela por el cuello del impermeable para trazar un surco irr...

ME DIO LAS GRACIAS...

Un pie en la acera y el otro, ya adelantado, en la calzada. El semáforo seguía rojo, pero ella se debatía entre la prudencia y la prisa. Los coches venían de ambos lados y no era fácil sincronizar el hueco entre los vehículos para alcanzar, sin sobresaltos, la otra acera. Si se trata de niños o personas mayores, por sistema mi norma es aguardar la luz verde para cruzar, aunque no circulen coches. Creo que, de ese modo, por una parte doy ejemplo y, por otra, respeto la libertad de elección de la otra persona para obrar como mejor lo considere. En este caso, la mujer, ya de cierta edad, murmuraba algo en voz baja: se debatía entre arriesgarse o esperar. Me miró como si me pidiera consejo. Y mientras yo pensaba la respuesta, el hombrecillo verde del semáforo nos sacó de dudas a los dos. Cruzábamos a la par y la mujer, en voz muy queda y mirando al suelo, como si la cosa no fuera conmigo, murmuraba una dirección, sin atreverse a formularla como una pregunta directa. Sin dejar de caminar, l...