Ir al contenido principal

"PRESENTE EN EL AQUÍ Y AHORA"

 


El hombre de la imagen ¿está preocupado? 

Tal vez. 

"Preocupado" es una inferencia, no una constatación. Lo único que podemos asegurar es que contempla fijamente un bloque de piedra mientras se acaricia la barbilla. 

¿Quizás duda de su capacidad para llevar adelante su obra? 

Puede ser, pero también podría estar planificando la organización de la tarea que tiene por delante, o, tal vez, esté tratando de recordar algo...

En todo caso, me parece que está profundamente "presente en el aquí y ahora".

No creo que esté pendiente de su ritmo respiratorio, ni de las sensaciones de su cuerpo, ni de si lo estará haciendo "bien" o "mal". Para él, en su "aquí y ahora", debe de haber cosas mucho más trascendentes de las que ocuparse.

Para él, estar presente en el aquí y ahora, es actualizar sus compromisos con su trabajo, con su obra vital. 

Es reconocer el trayecto que ha recorrido hasta aceptar hacerse cargo de una obra tan importante. Un camino, muy probablemente, lleno de tropiezos, titubeos y rectificaciones, como cualquier camino personal.

Es diseñar el próximo paso, contando con los temores y la incertidumbre que, sin duda, su propio sentido de la responsabilidad le estará planteando mientras considera este nuevo reto que él habrá aceptado como una parte integrante de su obra vital.

Porque la meta vital, cualquier meta vital, el "sentido de la vida", no debería ser otro que trazar el propio camino mediante  la aceptación de la propia obra, el servicio a los demás y la superación del ensimismamiento, a pesar de la incertidumbre, las, dudas y el miedo.

Avanzar con la vida, respondiendo a cada cuestión, a cada "encargo" que nos plantea la vida.

No consiste en paralizarse lamentándose de la "carga" que supone el bloque de piedra que nos ha correspondido tallar, sino en aceptar el "privilegio" de convertirlo en nuestra obra, aceptando, en el "aquí y ahora", la tarea de dar ese primer pequeño toque que, tal vez, no se aprecie demasiado en la monumentalidad del bloque pero que pasará a formar parte de la obra final.


Comentarios

Entradas populares de este blog

EL MILAGRO

  Clara se asomó a la ventana para sentir el aire fresco de primera hora de la mañana. En el extremo del alféizar vio el triste geranio reseco, mustio, contraído, tan necesitado de riego como ella lo estaba de seguridad y control sobre su cuerpo. Que el brote seguía activo lo evidenciaban su debilidad persistente, la visión que se le nublaba y el extraño entumecimiento que le recorría cuerpo y rostro. Por la acera opuesta vio avanzar, con su paso decidido, a la mujer invidente con la que se cruzaba a menudo, una mujer de gesto seguro, siempre bien arreglada, con ese porte que dan los años y la experiencia. ¿Cómo podría arreglárselas una persona con esa discapacidad para llevar el tipo de vida activa que ella parecía desarrollar? Desvió la mirada. Sentía dolor en los ojos si mantenía la vista fija en un punto concreto. Otro de los síntomas del brote. Al principio habían sido sólo pequeñas molestias, fallos funcionales sin importancia, una palabra que no le venía, un ligero mareo...

LO QUE ES NECESARIO HACER

  De pronto, un aguacero furioso, empujado por el viento, convierte los paraguas en simples adornos inútiles. Pese al chubasquero largo de los días que amenazan lluvia, noto cómo las ráfagas de viento estrellan los goterones contra el bajo de mis piernas. Mis manos están empapadas y siento la tela de mi abrigo como el trapo del fregadero. Mi destino está lo bastante cerca como para descartar la idea del cafelito mientras amaina la lluvia, pero lo suficientemente lejos como para anticipar la inevitable mojadura: llegar a casa, cambiarme de ropa, poner a secar la mojada, calzarme las zapatillas y lidiar con el goteo del paraguas desde la puerta hasta el tendedero, donde tendré que abrirlo "a toda vela" hasta que se seque. Demasiadas molestias. Yo tengo cosas "importantes" que hacer y me enfada pensar en todo el tiempo que voy a perder en esas trivialidades. En esto, una gota fría, húmeda, impertinente, se me cuela por el cuello del impermeable para trazar un surco irr...

ME DIO LAS GRACIAS...

Un pie en la acera y el otro, ya adelantado, en la calzada. El semáforo seguía rojo, pero ella se debatía entre la prudencia y la prisa. Los coches venían de ambos lados y no era fácil sincronizar el hueco entre los vehículos para alcanzar, sin sobresaltos, la otra acera. Si se trata de niños o personas mayores, por sistema mi norma es aguardar la luz verde para cruzar, aunque no circulen coches. Creo que, de ese modo, por una parte doy ejemplo y, por otra, respeto la libertad de elección de la otra persona para obrar como mejor lo considere. En este caso, la mujer, ya de cierta edad, murmuraba algo en voz baja: se debatía entre arriesgarse o esperar. Me miró como si me pidiera consejo. Y mientras yo pensaba la respuesta, el hombrecillo verde del semáforo nos sacó de dudas a los dos. Cruzábamos a la par y la mujer, en voz muy queda y mirando al suelo, como si la cosa no fuera conmigo, murmuraba una dirección, sin atreverse a formularla como una pregunta directa. Sin dejar de caminar, l...